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Chile: un Estado famélico

05/29/2020

Por: Gabriel Osorio, abogado, @ALeverkuhn83 en Twitter

Chile tiene hambre. Hemos visto familias angustiadas, pidiendo información sobre la caja de alimentos anunciada por el Presidente. Hemos visto personas protestando por falta de alimentos, familias que no han comido en días. En un par de semanas, la economía de subsistencia en que vive gran parte de los habitantes de Santiago, colapsó. No fueron suficientes las promesas de créditos a las Pymes, los llamados a la buena voluntad, ni la utilización de los fondos de cesantía. El Ingreso Familiar de Emergencia tampoco será suficiente. Cada día son más las familias sin ingresos y, para subsistir, las personas se organizan alrededor de ollas comunes, que se multiplican frente a la insuficiente e ineficaz ayuda estatal.

No es primera vez que el Estado se ve superado. Ya en 1918 y 1919 se multiplicaban por la ciudad las llamadas “Marchas del Hambre”. En la crisis de los años 30, las ollas comunes aparecían por la ciudad, escena que se repetiría durante la crisis económica de los años 80.

¿Por qué, nuevamente, nuestra institucionalidad no es capaz de resistir una crisis como la que experimentamos y en pocas semanas retrocedemos hasta experimentar el hambre?

Desde la década de los 30, Chile fue avanzando sostenidamente en la construcción de un Estado Social y Democrático de Derecho, labor que se vio interrumpida con el Golpe de Estado, bajo cuya institucionalidad nace la Constitución de 1980, pilar de un modelo incapaz de responder frente a las últimas crisis: el estallido social de octubre de 2019 y la pandemia del COVID 19.

Es cierto que el Estado de Chile cuenta con poderosas herramientas de intervención administrativa para enfrentar la crisis sanitaria, que implican la coordinación, planificación y control del sistema sanitario. Ellas, sin embargo, son producto del viejo Estado de Chile (1932 – 1973), con un Código Sanitario dictado bajo el imperio de la Constitución de 1925, en el esquema de un Estado de Bienestar y no subsidiario.

Por el contrario, en materia de protección social reina el Estado Subsidiario, en el que las autoridades, amparándose en el argumento de la inconstitucionalidad, no pueden planificar, controlar ni coordinar de manera efectiva las medidas necesarias para evitar el hambre, que en dos semanas aparece y se multiplica. Mientras, observamos al Gobierno pidiendo favores a los Banco y a las ISAPRES. Ello sólo es posible porque el diseño institucional y de derechos actual entrega la provisión de derechos fundamentales al mercado, que no es el lugar donde se satisface el interés público y colectivo, sino el privado.

La institucionalidad de 1980, que hizo crisis a partir de 1997, dio sus primeras señales sociales en 2006 y 2011, y estalló en octubre de 2019, es la misma que ahora, en medio de la peor pandemia en 100 años, se hace carne en los estómagos de chilenas y chilenos.

Chile tiene hambre porque el Estado no tiene herramientas para abordar su drama. Chile tiene hambre porque el Estado mismo es un Estado famélico, reducido a sus mínimas capacidades, que apenas le permiten asegurar el funcionamiento del mercado y el control del orden público, además del cumplimiento de la ley, nacida justamente al amparo de esta Constitución ideologizada.

De cara a un proceso constituyente, la pertinencia de la discusión sobre la clase de Estado que necesitamos, sus capacidades y su institucionalidad, la deliberación que inicia en octubre no solo se hace pertinente, sino más urgente y necesaria que nunca.