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El Amazonas necesita de soluciones globales

08/27/2019

“Nuestros tres principales problemas son globales. Un solo país no puede arreglarlos. Hablo de la amenaza de una guerra nuclear, del cambio climático y de la disrupción tecnológica…”. Estas palabras fueron publicadas hace casi exactamente un año, el 29 de agosto de 2018. Se trata de la entrevista que en el Diario El País de España diera el historiador israelí Yuval Noah Harari.

En palabras del escritor, a problemas globales, soluciones globales. Y sus palabras suenan como eco para el fondo de la discusión internacional que se ha gestado a propósito de los incendios de la Amazonía.

Por un lado, el presidente brasileño Jair Bolsonaro, no contento con acusar a organizaciones civiles y ONGs por los siniestros que amenazan a la Región, ha desarrollado un discurso simple: que el problema es del tamaño de la soberanía de su país y que la comunidad internacional no debe meterse en lo que no le incumbe.

Por el otro lado, la comunidad internacional ve con horror como un personaje de este tipo lidera el país más grande América Latina y enfrenta los incendios del Amazonas con una postura agresiva y rechazando la ayuda ofrecida el pasado lunes por el grupo del para combatir los incendios que consumen la Amazonía.

El Gobierno de Bolsonaro -a través de su jefe de gabinete- aseguró que “Macron no pudo prevenir un incendio en una iglesia que es considerada patrimonio de la humanidad y ¿ahora quiere darnos lecciones?”, criticando al presidente francés y recordando a la vez el incendio de la catedral de Notre Dame.

Posteriormente vendrían los dimes y diretes entre Bolsonaro y Macron, ante los comentarios del primero contra la esposa del segundo en redes sociales, cuestión que ha terminado por desviar la atención respecto de la esencia del problema: la oposición entre fascismo y globalización que se produce ante los incendios del Amazonas.

El mandatario brasileño ha tratado de impulsar, con poco éxito, una crítica respecto de una actitud “colonialista” de los países del G7 debido a su preocupación por la situación del gigantesco pulmón verde ubicado en América Latina.

Con esto entramos en una discusión poderosa para los tiempos que corren, con la aparición de nacionalismos y populismos extremos en diversas partes del mundo. La pregunta es si esta carga política nacionalista es capaz de enfrentar un hecho cada vez más irrefutable: que diferentes problemas se ubican en la esfera de lo global y, por ende, estructuras políticas de este tipo chocan y chocarán con la necesidad de una solución que traspasa sus fronteras.

Tras los incendios y su manejo político de los mismos, Bolsonaro ha duplicado su desaprobación, según las encuestas. La interrogante es si dicha baja es solo producto de la mala administración de soluciones al problema, o si asistimos a un cambio en la percepción de un pueblo que está empezando a darse cuenta que la aventura bolsonarista adolece de falta de tino, racionalidad y sufre en cambio un exceso de prepotencia y de violencia.

El mismo Yuval Noah Harari, con quien empezamos este artículo, dice que “Cuando miras en el espejo fascista te ves a ti mismo mucho más hermoso de lo que eres”. Tal vez en Brasil el espejo se ha logrado romper y entre los cristales se comienza a observar la necesidad de un mundo más globalizado y menos encerrado en la retórica extremista.