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El montaje fue brutal. La mentira también. Pero la herida puede ser peor

12/20/2018

De alguna manera la sociedad chilena quedó en shock tras los videos de la muerte de Camilo Catrillanca.

La difusión de nuevas grabaciones del operativo de Carabineros donde murió el comunero mapuche no sólo reactivó la crisis institucional en Carabineros y el Ejecutivo. Lo que resulta mucho más trascendental es que, a través de la difusión de esas imágenes, -por cierto profundamente dolorosas sobre todo para sus familiares y amigos-, la sociedad completa ha podido comprobar que sus fuerzas de orden y seguridad mintieron.

Si bien ya se desarrolló la tesis -que además seguramente es real- de que “es obvio que el director general y el Gobierno no sabían”, la realidad demuestra permanentemente que es aún más grave que superiores jerárquicos sean engañados por sus subalternos. Al menos cuando portan armas y deben preocuparse de la delincuencia y del orden público.

El ejecutivo se desmarcó. “El Gobierno, como lo hizo desde un inicio, condena completamente, categóricamente, no solo los hechos sino todas las conductas abusivas e ilícitas que se han producido en la lamentable y dramática muerte de Camillo Catrillanca”. Pero más allá de la quitada de piso política o de las polémicas en el parlamento o La Moneda, la temperatura de la ciudadanía es la que cambió.

Más de alguien en su oficina o casa seguramente escuchó de otra persona un “me dejó mal el video”; “no puedo creerlo”; o “entonces era mentira que no había videos”.
Éstas y muchas más, son afirmaciones que no sólo dejan a Carabineros como parte de una mentira elaborada, reiterada y sistemática. Dejan a la ciudadanía convencida que ya no podrá confiar de igual manera en sus fuerzas de Orden.

Aparte de dejar en evidencia que sí hubo registro audiovisual del operativo, contradiciendo las versiones entregadas por Carabineros (primero que las cámaras estaban apagadas y luego que la grabación había sido destruida), los videos muestran que se realizaron 12 disparos al tractor donde estaba Camilo Catrillanca, muestran al comunero agonizando, la aprehensión del joven de 15 años que lo acompañaba y el momento en que el cuerpo del joven comunero cae de los brazos de Carabineros.

El montaje fue brutal. La mentira también. Pero la herida puede ser peor.

Si nuestra sociedad adolece de una crisis de confianza, los videos sólo contribuyeron a agudizar ese abismo que hoy existe entre el pueblo y sus representantes e instituciones.

La salida de Hermes Soto o la renuncia de Chadwick o Ubilla son detalles de la discusión contingente. Una revisión y una reforma profunda y radical para Carabineros de Chile es la respuesta necesaria, urgente e ineludible.

Es el único homenaje que como sociedad podremos hacer a Camilo Catrillanca.