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Eutanasia: se lo debemos a Almeyda

01/30/2019

Por Javier Sánchez, @jota_ese_

“El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos,
sino dos aspectos del mismo estado”
Gandhi

“La vida que tengo es insufrible e indigna” decía Manuel Almeyda, en su carta de inicios de enero de 2014, dirigida al Colegio Médico proponiendo la creación de una comisión de “hombres justos” para que estudiaran la mejor forma de poner término a la vida de las personas que estuvieran en una condición terminal y que así lo desearan,

Luego de enviar esa misiva que apenas apelaba a la apertura de un debate sobre la eutanasia, don Manuel decidió dejar de consumir alimentos. Falleció, acompañado de sus seres queridos, el día 15 de ese mes, hace ya cinco años, cuando tenía 89 años de edad.

La carta al colegio profesional, encabezado entonces por Enrique Paris, no tuvo respuesta en nueve meses. Ello es una muestra, no solo de una gran falta de respeto a un socio destacado, sino también el reflejo de un gremio y de una sociedad que se niega siquiera a discutir sobre este tema, como si ello evitara que cada vez más personas piensen que esta es una opción legítima y personal para decidir cuándo terminará su vida.

En este caso en particular se trata de una situación paradojal: porque mientras el Dr. Almeyda se puso activamente del lado de la eutanasia, tras haber sido un férreo defensor de la vida durante la dictadura pinochetista, incluyendo la suya tantas veces en riesgo; quienes se oponen son aquellos que se llenan la boca hablando de la libertad individual -así como la del mercado- y justifican de muchas formas que durante la noche del gobierno de facto, se haya terminado sin razón con la vida de miles de compatriotas, entre ellos niños y jóvenes.

Desde la reinstalación del Congreso Nacional han sido varias las iniciativas que han buscado iniciar el debate legislativo sobre la materia. Hasta ahora ninguno de ellos ha prosperado, ni tampoco ningún gobierno ha fijado una postura clara y decidida al respecto. Al parecer, tras casi tres décadas de convivencia democrática, la mal llamada “agenda valórica” aun sigue imponiendo sus vetos a temas de salud pública y de libertad personal como este.

Para algunos, este es un debate clausurado desde la promulgación de la Ley 20.584, de 2012, que “Regula los derechos y deberes que tienen las personas en relación con acciones vinculadas a su atención en salud”, publicada durante el primer mandato de Sebastián Piñera y que en su artículo 16 establece que “en ningún caso, el rechazo de tratamiento podrá implicar como objetivo la aceleración artificial del proceso de muerte”. Es decir, un clavo más en la puerta que cierra el paso a la eutanasia.

Para la derecha, anclada en sus coartadas basadas en dogmas religiosos, este es otra trinchera a defender, al igual como lo han hecho por años en torno al aborto y al consumo de marihuana: negando y castigando derechos, dejando como única posibilidad el ejercer esta decisión solo al ámbito de lo privado, como ya ocurre en aquellos países que también se han resistido a normar esta posibilidad.

Lo importante, al menos para los socialistas, es no renunciar anticipadamente al necesario debate sobre la necesidad de regular la eutanasia, para que muchas personas, no solo enfermos terminales, sino también quienes por distintas razones ya no quieren o no pueden seguir viviendo, puedan tomar su decisión libre y dignamente. Se lo debemos a Manuel Almeyda.