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Festinar de Viña (si no pa qué)

03/02/2020

Por Sergio Benavides Tala, @sbenavidestala en Twitter y @sergiobenavides en Instagram

Ardió Viña. Por distintos motivos. El festival tiene esa capacidad de ser un hito de resistencia. Una institucionalidad que parece más fuerte que otras de más envergadura. La Teletón se puede postergar, pero Viña no. Sin embargo, ardió. Humo entre comercios, el emblemático hotel O’Higgins con vidrios rotos y lacrimogeneado (arjonismo), y fanáticos enfervorizados por ver a figuras como Ricky Martin que esta vez evadieron trincheras para llegar a sus asientos.

Viña no escapó. Las consignas por el descontento social se escucharon todos los días con una gran diferencia respecto a años anteriores. Esta vez no fueron solo los bufones del rey quienes las gritaron, sino que también, y sobre todo, la tribuna. El clamor, la efervescencia, no dejar pasar ni una oportunidad para tomar el discurso, fuera en un tiro de cámara tapándose un ojo, o gritar rápidamente en una rutina, donde intencionadamente se esbozara un “sino pa que” “dignidad” “el que no salta” “P…”, etc.

No vamos a desconocer manifestaciones de años anteriores como las de Jorge González, Mr Mister, o Manuel García, que hablaron de desigualdad, derechos humanos e hicieron denuncias respecto a otras coyunturas.

El festival siempre ha tenido un cruce político. Recordar a Eugenia Garrido entregándole una gaviota honorífica a Álvaro Corbalán “por su servicios prestados en defensa de la patria” lo corrobora.
El 2020 no fue la excepción. El primer día se intentó manipular el sonido para eliminar cánticos (por más que la producción lo niegue), posteriormente fue imposible. Y los gritos contra la institucionalidad retumbaron por Latinoamérica (y supuestamente el mundo). Claro, sin el impacto de Las Tesis, pero dando garantías que el movimiento social en Chile pudo haber tomado un pequeño receso vacacional pero está vivo y en llamas. Y es un conflicto público, abierto, vociferante y descreído de las instituciones.

Viña tuvo artistas y humoristas sintonizados con una realidad que nos les resulta ajena. Hasta la derecha tuvo su pijamada el día martes. Las discusiones al café del día siguiente no trataron el tipo de show, las luces, el repertorio o lo fácil que vuelan las gaviotas. Más bien, los análisis radiales comentaban si la consigna de tal artista había sido o no oportunista, como se acusó a Belloni por citar a Daniel Zamudio, o si eran apologías a la violencia como algunos culparon a Kramer, o si se trataba de propuestas finas, jugadas y/o conectadas como muchos coincidimos respecto a la propuesta del imitador.

La parrilla estuvo variada y acorde. La movida chilena sin duda fue de lo mejor que pudimos ver cargada de poder femenino, y los siempre arriesgados humoristas, los únicos que en realidad pasan por una cuerda floja cada vez que se suben a la Quinta Vergara, cumplieron. Para todos los gustos, unos más afortunados que otros.

En lo estrictamente musical la calidad artística con altos y bajos. Algunos consagrados que ya no deberían estar cantando. Humo. Aunque algunos piensan que no importa desafinar cuando hay oídos que no escuchan.