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¿Hijos/empresarios/emprendedores/oyentes?

04/30/2019

La decisión del Presidente Sebastián Piñera de invitar a sus hijos Cristóbal y Sebastián a la gira que inició el 22 de abril por Asia causó un revuelo mucho mayor al que nadie en el Palacio de La Moneda pensó. Y ese es el primer problema, que nadie en el Ejecutivo haya tenido la capacidad de prever que este periplo sería mal mirado ni que sería aprovechado -justamente- por la oposición para volver a hacer hincapié en la indesmentible relación entre el gobernante y los negocios.

Porque la alternativa es que sí haya habido gente que lo previó, analizó e informó, y que pese a esto, Piñera habría decidido llevar a sus hijos de igual forma, conservando el don de tener la última palabra que tiene todo Presidente de la República, sobre todo en el caso de Sebastián Piñera, quien gusta lucir dicho don.

¿Fue un error que los hijos subieran al avión? sí, pero no porque sus hijos no puedan ir. Hay gobernantes que han ido a giras con sus hijos. El problema es otro. El problema es que sus hijos tienen una empresa -o una idea, un dominio, como han explicado- , por tanto son empresarios -o al menos emprendedores- y estuvieron en reuniones oficiales como ¿hijos/empresarios/emprendedores/oyentes?

¿Fue un error que Piñera se sonriera restara importancia a la situación, planteando que sus hijos “están castigados” cuando se les pregunta, en uno de los momentos de la misma gira, dónde están sus hijos? sí, fue una equivocación, porque no es necesario tomar para la broma algo que preocupa no sólo a los políticos, sino también a todos quienes vemos con preocupación la polémica que se genera en el momento en que nuestro primer mandatario concurre no con sus hijos, sino con sus hijos que tienen startups o empresas.

¿Fueron un error las explicaciones? Sí, porque fueron malas o insuficientes.

Alegar el “querer estar en familia” no hace otra cosa que evidenciar y agigantar la diferencia entre un Presidente que sube a sus hijos a un viaje como éste y el resto de la población de Chile, que nos encantaría ir con la familia a trabajar pero no podemos hacerlo.

Otra explicación: desde el gobierno se llegó a plantear que los hijos de Piñera “tienen claro” que no podrán concretar negocios con empresas que participaron del encuentro en China. Como una especie de “crónica de un conflicto de interés anunciado”.

Otra mala explicación: que se cubrieron todos los gastos, sin costos para el Estado. Y la respuesta fue obvia: cómo le devuelven los hijos de Piñera a la Fuerza de Aérea de Chile los pasajes?

La buena explicación: que Piñera asegurara a su retorno a Palacio “que se va a someter al protocolo” que se elabore para este tipo de viajes.

Si el Ejecutivo de un país dedica tanto tiempo a enmendar y explicar sus equivocaciones, disminuye el que puede dedicar a gobernar, que es para lo que finalmente la ciudadanía -molesta por el viaje a Asia de sus hijos- lo eligió.

El Gobierno podrá tratar de explicar, pero el error ya ocurrió. El incendio también. No es el primero. Y lo más complejo es que la costumbre y el historial nos demuestran que tampoco será el último.