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La historia es nuestra y la hacen los pueblos

11/15/2019

Tras el acuerdo firmado ayer, el pueblo de Chile tiene la oportunidad de escribir efectivamente parte importante de su propia historia.

En cinco meses más, los chilenos y chilenas concurrirán a las urnas con el objetivo de votar en un plebiscito donde resolverán dos preguntas: la primera de ella si quiere o no una nueva Constitución para Chile. E independiente de la primera respuesta -importante tomar en cuenta- podrá resolver una segunda interrogante, sobre el organismo que debería esta a cargo de elaborar la nueva carta fundamental en el caso de ganar el sí a la primera consulta.

Ahí viene todo un proceso complejo en que la ciudadanía deberá entender a cabalidad dos conceptos escogidos por los partidos firmantes del acuerdo que esta semana se selló en el edificio del Congreso en Santiago. Si escoge una Convención Mixta Constitucional o una Convención Constitucional. ¿De dónde surgen estos dos conceptos? no se engañe, de la terquedad de la derecha, que no quiso incorporar al acuerdo el término “asamblea constituyente”, que ya había logrado instalarse en la cabeza de la ciudadanía, pero que a oídos de los parlamentarios de Chile Vamos sonaba lo suficientemente chavista como para eventualmente provocar una “peste roja” en los millones de chilenos y chilenas que podrían participar en la consulta.

La convención mixta constitucional sería 50% parlamentarios, 50% integrantes electos para el plebiscito en cuestión; en el caso de la Convención Constitucional sus integrantes será escogidos íntegramente para tales efectos en octubre de 2020, conjuntamente con las elecciones regionales y municipales por sufragio universal y por el mismo sistema electoral de los diputados.

El órgano constituyente funcionará 9 meses, prorrogables por tres. Además, una vez redactada la nueva Constitución, habrá plebiscito ratificatorio, por sufragio universal obligatorio. Otro aspecto importante es que las personas que ocupan cargos públicos y de elección popular y quieran ser candidatos a esta convención, dejan sus cargos ne forma automática al ser aceptada su candidatura por el Servel.

Eso en lo formal. Pero lo que se concretó con este acuerdo va mucho más allá del análisis de los mecanismos, que tanto parece preocupar a políticos y constitucionalistas. Lo fundamental es que por primera vez el pueblo de Chile tendrá la oportunidad de generar su propio marco constitucional. Esto no fue fácil. Por el contrario, fue difícil, complejo, doloroso. Fue posible solo gracias a las movilizaciones, al sacrificio y el horror de muchos compatriotas que decidieron salir a la calle a marchar, a gritar a decir que estaban cansados y que era necesario un cambio.

Lo que ayer se estableció fue que sea el pueblo el que decida  y construya el Chile que quiere, que ojalá sea un Chile diferente y más justo.

Lo que corresponde ahora a quienes ayer comprometieron su firma en el acuerdo es trabajar por ganar el plebiscito. Última Palabra cree que la opción para este plebiscito es decir que sí a elaborar una Nueva Constitución y que el mecanismo para dicha tarea sea el de Asamblea Constituyente, aunque se le disfrace de Convención Constituyente.

“La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. Nunca, desde que esas palabras salieron de la boca de Salvador Allende, tuvieron tanto sentido como ahora.