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La lista de asistentes a la última cena

05/24/2019

Carlos Irarrázaval, nuevo obispo auxiliar de Santiago, comenzó su nueva labor pastoral  planteando una serie de frases, entre las cuales el sitio web Emol escogió “En la Última Cena no había ninguna mujer y tenemos que respetarlo” para titular su entrevista.

No es la mejor manera de empezar. No sólo porque comunicacionalmente la frase sea mala, sino porque demuestra una absoluta falta de transformación, necesaria para una institución que continúa viendo el presente con ojos del pasado.

Es el “tenemos que respetarlo” lo que complica aún más el asunto. Los contextos siempre han sido importantes a la hora del análisis de un determinado momento histórico, pero la capacidad de sobreponerse a dicho contexto con el ánimo de explorar otra mirada con los nuevos conocimientos, experiencias, fracasos y aciertos resulta necesario para un mejor entendimiento y comprensión del fenómeno humano.

La sociedad machista de la época de Cristo, la lista de asistentes a la última cena, -según el sacerdote-, serviría para entender mejor el rol secundario de la mujer hoy en la Iglesia. Al menos eso se desprende de su frase, sumando y restando. Lo que tal vez sería interesante que alguien debatiera con él o al menos le comentara, es el hecho de que la sociedad machista del año 33 sirve perfectamente para explicar el rol secundario de la mujer en la Palestina de la época, pero tras esa fotografía histórica pasó mucha agua por el puente: la creación y posterior burocratización de la Iglesia; diversos quiebres que provocaron a su vez nuevas Iglesias Cristianas; la subyugación de la mujer en labores de segundo orden por 1.900 años; y un declive actual que amenaza a la institución en cantidad de fieles pero también en su antiguo estatus como referente ético social.

Es difícil entender a un sacerdote chileno hoy día pidiendo entender la irrelevancia de la mujer basándose en que en la época de Cristo la mujer no compartía la mesa con los hombres. Porque entonces podríamos pedir entender el hecho de que las mujeres no necesitan votar, tomando en cuenta la historia hasta mediados del siglo XIX; o que habría que entender que los trabajadores no tienen derechos a salario y jornada justa, tomando en cuenta lo que ocurría en el mundo hasta las movilizaciones de millones de obreros en el mundo exigiendo sus derechos.

Eso es lo grave de las declaraciones del nuevo obispo auxiliar de Santiago. Nada que no pueda rectificar. Decir que se equivocó, que no está acostumbrado a las entrevistas y que ha tomado en cuenta que erró en su respuesta. Le ocurre a mucha gente, y es respetable y humano. Pero que lo haga.

Los contextos históricos no dan para tanto. Sirven para el análisis y la comprensión. Pero no para justificar lo que hace tiempo la sociedad, la rebeldía y las justas demandas han logrado ir doblegando. Con mucha sangre, sudor y lágrimas.