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Ganar con más democracia

06/10/2019

Kast, José Antonio, inscribió finalmente su partido.

No lo hizo sin hacerse notar: lanzó duras críticas al Gobierno durante el fin de semana, en entrevistas y redes.

Vino acompañado además de un empujón de la Cadem:  la encuesta reveló que el 59% de los identificados con la derecha o centro derecha apoyan que una primaria de este sector incluya al ahora líder del nuevo partido.

150 firmantes dieron inicio a la colectividad, que tras esta inscripción se convierte en un partido en formación. El aspirante a partido deberá, en un plazo de siete meses, sumar a nuevos militantes para finalizar el proceso. Pero el Partido Republicano, en la práctica, ya existe. Sus términos en el mapa político parecen claros: tradición, familia, Gobierno militar, conservadurismo y sentido común. Y es este último el que llama a la reflexión.

La extrema derecha ha conseguido su espacio en países europeos y asiáticos en forma democrática. En pleno siglo XXI, donde la democracia debería ser un concepto ineludible e incuestionable, un grupo de votantes ha decidido -en otras latitudes hasta el momento- escoger mayoritariamente una opción en contra de la migración, de los derechos de la mujer, con un discurso nacionalista…y fácil. Que llega sin dificultad al elector.

Como hemos mencionado en otras oportunidades, la extrema derecha se alimenta del miedo al migrante, al avance de las minorías sexuales en la consecución de sus derechos, a la demanda de la mujer por más poder en diversas esferas de la vida cotidiana. El miedo que se instala desde lo que hoy está establecido y que observa los cambios sociales como una amenaza y no como un proceso.

También es claro que estos movimientos se alimentan del proceso de desconfianza hacia las instituciones y nuestros representantes. Es por eso que la forma de enfrentar su avance no es la descalificación de su conservadurismo. Eso los afianza. La manera debe ser el debate, el diálogo y la lucha en el campo de las ideas. Ganar con más democracia. Un arma que no dispara, sino que debe convencer. De lo contrario se pierde. Y cuando se pierde surgen las discusiones y los análisis de la derrota.

Hoy es tiempo de recriminaciones y falta de consensos. Entre las estrategias que buscan diferenciarse, el facilismo de la crítica y la pérdida de orientación, es deber de los partidos políticos  preguntarse cuáles son las razones para que la gente les perdiera estrepitosamente la confianza y la adhesión.

El problema es que no pueden o no quieren encontrar la respuesta. Cuando la encuentren probablemente sabrán que contestar al fenómeno de Kast. Cuanto antes mejor para la democracia.