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Piñera o “El Gobierno soy yo”

03/28/2019

La brillante estrategia que implementó el Presidente Piñera tuvo algunos bemoles. Efectivamente, Piñera decidió forzar a la oposición, dejar en claro que él está abierto al diálogo y arrinconar y empujar a los partidos de la ex Nueva Mayoría a una reunión por separado, a la cual no se podían negar -aunque más de alguno lo pensó-.

La estrategia además se completa con un período con posterioridad a las cuatro citas en el cual se procederá a explicar que el Gobierno había abierto el diálogo, pero la oposición no había sido capaz: 1.De ponerse de acuerdo. 2.De abrirse a conversar.

Pero la política es impredecible, porque finalmente la construyen seres humanos que son impredecibles. Y ahí es donde empezó el problema. El PS se avivó y presentó propuestas, un libro con una reforma de pensiones que armaron los senadores del partido más el Instituto Igualdad. Si Piñera quería centrar el diálogo sólo en torno a la Reforma Tributaria, la cual su ministro de Hacienda  había solicitado a los parlamentarios aprobar “por Chile”, los timoneles de oposición, en cambio, lograron poner sobre la mesa temas que le interesaban a ellos.

Con toda esta estrategia el mandatario dejó claro que su equipo político no es capaz de desarrollar el diálogo con la oposición y por ende él tiene que entrar a jugar. Lo anterior tiene una serie de posibilidades de análisis: o Piñera cree que “el Gobierno soy yo”; o la oposición considera que el equipo político no vale lo suficiente como para dialogar con él; o el equipo político efectivamente no es capaz de realizar la interlocución. En realidad, las tres anteriores opciones confluyen en un “todas las anteriores”.

Pero eso no fue todo. Tras la última reunión, hubo un giro. Michelle Bachelet, cuyo nombre se coló en la conversación de Piñera con el senador Elizalde, quien le pidió al mandatario que se olvidara de la ex Presidenta para que el Gobierno se enfocara en gobernar. Tras esta mención, la polémica se avivó, salieron los bots de redes sociales, los ánimos se caldearon y las declaraciones se han sucedido, con lo cual la estrategia de la Moneda corre serio riesgo de irse al tacho de la basura.

El ministro Nicolás Monckeberg también colaboró con su granito de arena al desaguisado. “Dividir proyecto de pensiones no es negociable”, dijo en La Segunda, menos de doce horas después. Con esto refutaba la eventual apertura de los ministros Larraín y Blumel, y dejó todo el espacio para que los presidentes del PPD y PR, Heraldo Muñoz y Carlos Maldonado, respectivamente, aprovecharan de plantear, en buen chileno, que la supuesta apertura al diálogo del Gobierno pesaba menos que un paquete de cabritas.

Porque eso es lo que se va a pelear ahora: quién rompe el diálogo. Claramente desde La Moneda, la idea es que la oposición cometa los traspiés para después decir que “el Ejecutivo estuvo dispuesto a conversar, pero la la ex Nueva Mayoría no estuvo dispuesta a llegar acuerdos”…por Chile, claro.

A todo esto, un componente extra: además del PC, que ya manifestó su negativa a sentarse con el Presidente, falta aún saber si alguien se viene a tomar un café con el mandatario. Hablamos del Frente Amplio, que a falta de invitación estilo A, se debería confirmar, según el segundo piso de Palacio, con un café estilo B. Porque son muchos, porque son más jóvenes, porque son más desordenados, porque les gustará el café, no se sabe, pero el traspié, que en realidad es un porrazo por parte del Gobierno, ya fue. Y conste que son 20 diputados y un senador.

Y la guinda de la torta: Ubilla. Si la oposición no dialoga con el Gobierno es todo un tema, que puede perfectamente ocurrir. Pero que el equipo de Interior esté debilitado, sea por cuatro terrenos mapuche en la Araucanía, sea porque en el diseño se pensó en un ministro fuerte con un subsecretario fuerte, sería para pensar que el diseño no es el mejor.

Al ministro Chadwick lo defendieron todos. La pregunta es si con Ubilla pasará lo mismo. Independiente de eso, el equipo de Interior tendrá mucho trabajo. El primero de ellos será convencer al Presidente de la República que es capaz de dialogar con la oposición sin que él tenga que meterse a la cancha. Porque lo más claro que quedó esta semana es que Piñera no está convencido de eso.