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Razones de un diálogo de urgencia (y no acuerdo)

06/01/2020

¿Por qué un diálogo y no un “gran pacto social”?  Porque el Gobierno se equivocó. Y porque, como toda persona que se equivoca, debe rectificar.

El Gobierno, a través de su -prácticamente- monopolio de la vocería de información que le ofrecen Copesa y El Mercurio, así como los canales de televisión en manos empresariales, busca instalar un “gran acuerdo nacional”, donde la clave sea acordar lo que yo quiero o, en su defecto, compartir con la oposición, las responsabilidades que me caben por las medidas tomadas en la pandemia.

Es curioso como el Gobierno persiste en esta estrategia. De hecho, la convirtió en una banalidad. Cada vez que le abruma un problema, procede a buscar culpables; cuando el problema se vuelve más grande, encuentra un enemigo -a veces implacable o poderoso-; hasta que cuando la crisis escala, termina por llamar a un nuevo pacto social, que a estas alturas, de nuevo no tiene nada.

El Gobierno sufre un grave problema. Parece un niño incapaz de enfrentar sus responsabilidades. Y en eso radica la gestión, aquel conjunto de decisiones para resolver problemas. Este no parece un Gobierno que gestione, y en diversas ocasiones ha demostrado que le gusta más buscar problemas adecuados a sus soluciones que soluciones para los problemas.

El “gran acuerdo nacional” no parece más que la toalla que desde la esquina lanzan al boxeador que está a punto de caer. El Gobierno insiste en hablar de grandes pactos, mientras la oposición le plantea que este es un diálogo de emergencia para solucionar graves problemas que nos aquejan.

La ciudadanía observa, mientras tanto, como ambos caen en esta discusión semántica, mientras el Gobierno insiste en mostrar la política de sus cajas en Televisión, lo cual resulta un verdadero latigazo en la cara de la gente.

El diálogo es fundamental. Siempre. Pero esa conversación debe ser sin imposiciones, abierta y dispuesta a llegar a soluciones conjuntas. Un “gran acuerdo nacional”, en cambio, plantea un escenario grandilocuente, mediático, repetitivo y si se permite, desubicado, para una gran mayoría de la ciudadanía que mira con miedo, incertidumbre, a este escenario.

La derecha, junto a sus columnistas y editorialistas, se encarga de machacar todos los días que esa mirada ciudadana apunta a cómo es posible que la oposición no se preste para llegar a acuerdo con el Ejecutivo. Pero hay otra mirada posible, que viene de la calle, de aquellas poblaciones donde la inseguridad y el narcotráfico es fuerte, donde existe poca planilla de sueldos a fin de mes, y donde la preocupación es por la fila del consultorio y no por la cantidad de ventiladores mecánicos que haya en la clínica.

Esa mirada indica que la ciudadanía observa, pero con pavor, cómo es posible que el Gobierno invite a un gran pacto social -donde además se quiere llevar la pelota para la casa-, mientras continúa muriendo gente, básicamente porque no puede dejar de salir día a día de su casa para trabajar y poder comprar mercadería a fin de mes, mientras espera a que de aquí a octubre llegue una caja de mercadería que le sirva para 10 días.