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Una decisión ética

05/14/2020

Era necesaria una cuarentena total. Aunque mucho antes. El Colegio Médico y diversos alcaldes venían pidiendo hace tiempo esta medida. El gobierno cometió un error al relajar las medidas hace tres semanas con la “nueva normalidad”, el “retorno seguro”, y otros comentarios a los cuales tuvimos -lamentablemente- que asistir. El problema es que los grupos más vulnerables de la capital enfrentarán este confinamiento tardío con medidas insuficientes.

El Foro de Desarrollo Justo y Sostenible ha planteado que existe mayor espacio fiscal para actuar. El Mercurio, probablemente mandatado o empujado por el Gobierno, lo ha criticado en un editorial. El economista Álvaro Díaz ha respondido que enfrentamos una situación especialmente grave, que “se han destruido miles de empleos, sectores medios caen en la pobreza y aumenta la indigencia. El hambre ronda en los hogares más desvalidos. Los sectores vulnerables no están en condiciones de acatar las medidas sanitarias generándose un verdadero círculo vicioso porque las cuarentenas no pueden ser respetadas”.

Díaz tiene razón. Las medidas del Ejecutivo no solo han sido modestas y han ido con retraso. La verdad es que no han estado a la altura para un país que ha crecido económicamente sin retribuir a los trabajadores y trabajadoras con igual crecimiento en capital cultural, social o estándar de vida.

Hay un componente ético de la sociedad que no es tomado en cuenta en esta discusión: su crecimiento desigual, y la necesidad de que quienes tienen y puedan, ayuden a los que se han ido quedando al margen de dicho crecimiento.
Esta semana el Gobierno, trabajosamente, logró aprobar su Ingreso Familiar de Emergencia. Decimos trabajosamente porque la oposición, en especial el Partido Socialista, la calificó en todos los tonos posibles de insuficiente, mezquina, decreciente y engorrosa, entre otros términos. Y en el papel y en la práctica, tiene razón.

Una familia de 4 personas debería contemplar en un primer mes comida para 3 miembros del grupo; un segundo mes, con comida para la mitad de este núcleo; para finalizar un tercer mes, escogiendo cuál de los 4 componentes comerá. Por supuesto que puede parecer exageración y hay una multiplicidad de factores que complementan el cuadro, pero el ejemplo sirve para entender lo extremo de la situación que viven ciertos hogares en nuestro país.

Vemos asimismo como titulares de prensa y entrevistados discuten y analizan en forma prospectiva de qué manera afectará a la economía chilena esta crisis, cuál es el futuro de las diversas industrias y cuánto tardaremos en recuperarnos de esta pandemia. Lo que olvidan en esa discusión y en ese análisis es hacer otro cálculo: cuántos chilenos y chilenas no podrán seguir al ritmo de su sociedad.

No es efectivo que Chile esté al límite de sus capacidades fiscales. Entonces no sólo es un tema de racionalidad, ni la pelea es ideológica. Es una decisión ética vulnerar esos límites de capacidad fiscal.