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Vacunas en Nueva York: una discusión ineludible

06/14/2019

El congreso del Estado de Nueva York tomó esta semana una decisión que abre una cada vez más necesaria discusión. Los padres no podrán usar la religión  para evitar las vacunas. Con esto, Nueva York se une a los estados de California, Mississippi, Virginia Occidental y Maine.

La instancia legislativa decidió eliminar  una exención que existía y permitía a los habitantes de la ciudad no vacunarse aludiendo a sus creencias religiosas. La medida es al mismo tiempo una decisión tomada debido a la coyuntura, pues es la respuesta política al brote de sarampión actual, que según se ha podido observar, afecta muy especialmente a dos regiones: zonas de Brooklyn con fuerte población judía ortodoxa; y el condado de Rockland, también con gran población ortodoxa.

La normativa fue aprobada en el Congreso por 77 votos a favor y 55 en contra. En contrario, los legisladores argumentaron que la aprobación violaba la primera enmienda de la Constitución estadounidense, que protege la libertad de culto.

La discusión parece instalarse entre la libertad de culto versus la salud pública. Las vacunas representan un avance histórico-científico que no puede obviarse. Los movimientos antivacuna en el mundo han aumentado no sólo en número sino también en presión, bajo el argumento de su derecho a decidir como familia respecto si sus hijos -y ellos mismos- deben ser inoculados para salvar sus vidas o pueden continuar enfrentando las eventuales enfermedades a través de su confianza en dios.

Es el ámbito de lo privado lo que estaría en juego, según quienes afirman estar en contra de las vacunas por motivos religiosos. Y es efectivo que en una primera instancia se podría pensar que vacunarse o no está en la esfera de lo personal. Pero eso no es así. Por un lado están los hijos de quienes deciden no vacunarse, que deben asumir la decisión de sus progenitores como la mejor para ellos; pero eso además se extiende al resto de la población, cuando nos damos cuenta que una enfermedad contagiosa se contagia menos -valga la redundancia- entre personas que se han vacunado. Entonces pasa a ser un hecho de salud pública, en el cual el bien común de una sociedad se enfrenta a la creencia personal.

Es verdad que no es sólo la religión la que alimenta a movimientos antivacuna. Hay firmes defensores que las vacunas generan trastornos, así como teorías respecto de que todo es un gigantesco negocio de los laboratorios.

Volviendo a Estados Unidos, a fines de mayo, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades informaron de que los casos de sarampión en Estados Unidos seguían aumentando y alcanzaban los 971 en lo que va del año. El 9 de abril pasado se declaró el estado de emergencia en las zonas donde se concentran los casos en Nueva York, emitiéndose una orden para que adultos y niños de más de seis años se vacunaran en un período de 48 horas. Si no se cumplía con dicha orden se emitirían citaciones y las personas que se resistan a vacunarse serían multadas con hasta mil dólares. Ahora una nueva medida viene a cautelar los intereses de la población. Porque frente a los defensores de las libertades religiosas hoy se posicionan los defensores de la salud pública. Es una discusión al menos, interesante, y sobre todo, ineludible.